El que esté libre de pecado...

Uno de los principales obstáculos a romper en el periodismo deportivo –y porque no en todo el periodismo- es saber separar la razón de los sentimientos personales, los momentos vividos, las sensaciones. Y apunto sobre todo al periodismo deportivo porque considero que es una da las ramas más apasionadas del rubro, y separar los afectos de los pensamientos es un juego que se presenta bastante a menudo. Pero esta vez es más complicada que otras. Esta vez las pasiones son muy fuertes y los sucesos ocurridos son muy claros. Obviamente estoy hablando de la selección, de Maradona, del fútbol argentino y todo lo que pueda entrar en esa gran bolsa.
No pretendo plantarme en ninguno de los dos bandos –blanco o negro-. No intento justificar sus acciones sólo por haber jugado bien a la pelota y hacernos conocidos, para bien o para mal, en gran parte del planeta. Pero tampoco puedo olvidar eso. No puedo separar al Maradona del “Diego”. Porque siempre que se nombre a Diego, la asociación es inmediata, automática, indisoluble: Diego es Maradona.
No voy a escudar sus exabruptos y palabras detrás del chiquitaje de que “el viene de una villa”. El es hoy un cargo, y para nuestro país, un cargo más que importante. Un representante, una imagen, una palabra escuchada y –él lo sabe muy bien- siempre elevada a términos de mayor altura. Pero tampoco podemos negar que en cierta forma, en un “monstruo” que hemos creado y sobado por muchos años. Porque somos nosotros los que le cantamos canciones celebrando sus arremetidas ante los poderosos de turno, somos nosotros los que lo subimos al altar por putear a miles de miles de italianos por silbar nuestro himno, y somos los mismos que nos emocionamos y seguimos gritando el gol de la mano a los ingleses pensando lo del “ladrón que le roba a otro ladrón…”. Si, somos nosotros.
La selección de fútbol juega mal, no tiene identidad, no tiene un plan delineado, planificado ni mucho menos trabajado. Por ahora alcanzó para entrar –por la ventana- al Mundial del próximo año. Es tiempo de bajar los decibeles, pensar en lo mejor para nuestro fútbol y replantear muchas cosas: “Desde Grondona hasta el último jugador” (J. S. Verón dixit). Pero también desde este lado debemos hacer nuestra propia autocrítica y ver cuál ha sido, y es, nuestro rol en todo esto.
El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.

Agrandando las vitrinas

Y va a haber que agrandarlas bastante, porque este muchacho es muy grande. Y no hablo de grandeza de tamaño (aunque bien le cabe el adjetivo). Hablo de grandeza de jugador, de profesional y –principalmente- de persona.

Michael Jordan, el mejor basquetbolista de la historia y uno de los deportistas más brillantes de todos los tiempos, ingresó ayer al Salón de la Fama de Basquetbol. La frutilla que le faltaba a una carrera con una lista interminable de éxitos y records.

"Todo empezó con una pequeña pelota. Creo que si nos hubieran arrebatado eso, estoy seguro de que hubiéramos tenido una vida difícil, porque así de importante era el juego para nosotros”. El nacido en los suburbios de Nueva York, con seis títulos de NBA y dos medallas olímpicas doradas, todavía tiene la humildad de hablar en plural. "Es un verdadero placer para mi formar parte de ésto, y contrario a lo que piensan, no soy sólo yo el que entra al Salón de la Fama, somos un grupo. Estoy contento de formar parte de este grupo, y créanme, los voy a recordar tanto como ellos me recordarán a mi”. Además de Jordan, ingresaron al “Hall of Fame” David Robinson (San Antonio Spurs), John Stockton (Utah Jazz), y los entrenadores Jerry Sloan (primero en ganar mil partidos con un equipo) y Vivian Stringer (primera mujer en llevar tres universidades distintas al Final Four).

Ni la fama, ni el dinero, ni el éxito han logrado desviar su personalidad. Ni tener una marca propia de ropa creada por Nike, ni un equipo propio de motociclismo han hecho que “Air Jordan” pierda una mínima pizca de humildad. “Que acepte ese calificativo –el de mejor de todos los tiempos- es demasiado para pedir y demasiado para aceptar”. Después de más de 15 años de carrera, y habiendo conseguido una cantidad inmensa de reconocimientos y premios, el cierre de la ceremonia en Springfield (Massachusetts) con sus ojos llenos de lágrimas y una sonrisa de niño lo muestra tal cual es. Grande. Gigante. Único.

Les dejo un vídeo para su deleite

Desbordado

Desde hace varios días quiero tratar de resumir todas las sensaciones que me genera la selección de fútbol, pero no puedo. Una mezcla de bronca, miedo, incertidumbre y resignación se entrecruzan a la hora de buscar culpables, causas y soluciones. Las aristas para abordar el tema son interminables y con cada día que pasan parece haber más puntos para analizar.
Revolviendo un poco en la web, encontré una nota de Juan Pablo Varsky publicada hoy por el sitio “Cancha llena” (La Nación) que –según mi punto de vista- no tiene ninguna objeción. A continuación les dejo los fragmentos más interesantes de la nota, y al final un link para leer todo el artículo en caso de que quieran hacerlo.
Aclaración: la frase en cursiva de la primera oración es una reseña hecha por mí para darle contexto.

“Las últimas imágenes del naufragio en Asunción se parecen asombrosamente a las de aquella derrota en Santiago de Chile el 15 de octubre de 2008 -día en que renunció Basile-. Hay muchas coincidencias. El resultado (0-1), el paupérrimo nivel del equipo, un entrenador argentino que le da identidad futbolística al rival (Bielsa y Martino), la inadmisible indolencia de las mismas jóvenes estrellas (Messi, Agüero), la repetida improductividad de los mismos veteranos (Zanetti, Heinze) y los manotazos de ahogado del seleccionador de turno acudiendo a futbolistas que nunca habían jugado en su respectivo ciclo (Bergessio y Sand en Chile; Palermo y Schiavi en Paraguay). […] La única diferencia entre Asunción y Santiago es que Diego no renunciará. Además de esa absurda alusión a sus hijas (a cualquier otro entrenador le hubiera costado el puesto), sus declaraciones posteriores se llenaron de resentimiento hacia los periodistas: "Desde los 15 años, me vengo peleando con ustedes". No es cierto. El periodismo deportivo ha sido muy indulgente con él. Con la excusa de separar al jugador de la persona, le hemos perdonado actitudes, amenazas, agresiones y contradicciones. […]
Maradona es responsable de que el equipo no tenga una idea de juego. Como líder de grupo, mandó mensajes contradictorios ("Carrizo es mi arquero") e imprudentes ("Mascherano y diez más"). Convocó futbolistas compulsivamente y formó un cuerpo técnico incompetente. Alejandro Mancuso y Miguel Lemme no cuentan ni con la capacidad ni con la autoridad para ejercer de ayudantes de campo. […]
Maradona necesita ayuda porque así no puede. Ojalá tenga la grandeza de aceptar un límite. Se impone con urgencia la creación de un equipo interdisciplinario, integrado por entrenadores y profesionales con experiencia en manejo grupal y trabajo de campo. […]
La Argentina no gana un título oficial desde 1993. Los éxitos en los juveniles no llegaron a la selección mayor. […] La gran mayoría de los campeones juveniles ha sufrido el mal de la explosión prematura y ha llegado a su pico de rendimiento a los 21 o 22 años. […] Una evidencia demoledora afecta a todos los futbolistas argentinos, los de acá y los de allá. Ninguno ha rendido en la selección tanto como en sus clubes. Ninguno. No tenemos un genuino sentimiento de pertenencia hacia el equipo nacional. […] El problema excede a Grondona, quien, a la hora de designar a Maradona, manejó la AFA como si fuera un juguete propio y cocinó todo en cinco minutos, influido por sus hijos Julito y Humbertito. Pero no tiene la culpa de todo. Esto es mucho más profundo. Más allá de las responsabilidades individuales, este fracaso colectivo no distingue nombres propios. […]
Ojalá sirva esta incertidumbre, este temor de quedar afuera del Mundial. No tienen sentido las invocaciones místicas a México ’86 […] Ahí había un plan, que hoy no existe. Y Diego ya no juega. Hace falta un drástico replanteo sobre la selección nacional. Asumir con amplio criterio, casi de sociedad, este fracaso colectivo que tiene múltiples causas […] Sólo así, aceptando esta realidad y con una renovación estructural, podrán crearse las condiciones para una nueva hazaña.”

Si querés leer toda la nota, hacé click acá.

Y vos, ¿qué opinás de la selección? Dejá tu opinión…

Abriendo los paraguinhas

Cada vez falta menos para -según dicen los que saben- se juegue el clásico de selecciones más importante del mundo. El 5 de septiembre se verán las caras los seleccionados de Argentina y Brasil en la cancha de Rosario Central.

Sería un debate bastante largo –e intrascendente- ponerse a analizar se realmente es el mejor de los clásicos, pero sin dudas es uno de los más atractivos y particulares. No cabe duda de que Brasil es la gran potencia futbolística del mundo desde hace mucho tiempo y que hoy en día la Argentina no pasa por su mejor momento. Pero también es cierto que nos tienen un respeto mayor que al resto de las selecciones. Y sino, a las pruebas me remito.

El diario deportivo brasileño Lance! (www.lancenet.com.br) publicó una encuesta para ver las opiniones de sus lectores sobre “¿Quién es mejor? ¿Argentina o Brasil?” y planteó una competencia cara a cara entre las dos posibles selecciones. Aquellos que quisieran participar debían elegir en cada puesto de la cancha que jugador es mejor, si el argentino o el brasileño.

Para asombro de muchos –me incluyo- las respuestas son, al menos, llamativas: de los once jugadores planteados, sólo tres de la verdeamarela ganan sus duelos, contra ocho triunfos argentos.

Lo más curioso es que las votaciones en que ganan los brasileños son todas en los duelos defensivos, históricamente, el punto débil del “scratch”: Julio César a Andujar, Juan a Heinze y Lúcio a Burdisso. En el medio campo, el dominio albiceleste es notorio, donde a su vez se registra la mayor diferencia: Mascherano 76.2% contra Gilberto Silva. Y en la delantera, también llama la atención que sus dos máximas figuras no hayan ganado sus duelos: Messi aplastó a Kaká con un 64.4% y Tévez hizo lo propio con su compañero de equipo, Robinho, con un 66.4%.

Tal vez sea por temor o sólo por respeto, pero en Brasil -aunque no esté pronosticado lluvia-ya están abriendo los paraguas.


Si quieren ver la encuesta completa (y de paso
sumar un par de votos más para los de Diego), hagan click acá.